viernes, 31 de diciembre de 2010

LA CONQUISTA DE TAUSTE POR LOS CRISTIANOS


En la memoria de todos los taustanos queda el 2005 como año de la celebración del IX Centenario de la incorporación de Tauste al Reino de Aragón. Sin embargo, posiblemente pocos se acordarán de una interesante charla que tuvo lugar a finales de 2003, en el marco de las V Jornadas sobre la Historia de Tauste organizadas por la Asociación Cultural El Patiaz. La charla que les digo llevaba por título “La conquista feudal a escala local: el ejemplo de Tauste en el valle medio del Ebro (S. XII)” y fue impartida por D. Carlos Laliena Corbera, catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia Medieval, hombre de gran solvencia y reconocido prestigio.

Dijo cosas tan interesantes y novedosas como que, ya en el siglo XI, se detectaba una gran actividad social en el valle medio del Ebro, donde se encuentra situado nuestro pueblo, así como las ansias del incipiente Reino de Aragón por hacerse con estas tierras fértiles, acostumbrados, como estaban, al paisaje duro y agreste de sus montañas pirenaicas. Tauste ya aparecía en las fuentes documentales con ocasión del pago de parias que aquellos cristianos exigían por la fuerza a las poblaciones musulmanas. La primera noticia conocida procede de un intercambio entre los hijos del rey Sancho Ramírez, Pedro y Fernando, en 1086, por el cual éste recibía, entre otros bienes y lugares, “Tauste, con sus términos y derechos, los que hoy tenemos y los que podremos adquirir en el futuro”. Este intercambio se llevaba a cabo por mandato del rey y, naturalmente, se refería a las parias que venían cobrando, a la vez que manifestaba que el dominio de la localidad ya se encontraba en el punto de mira de sus intereses militares. En 1094, con el infante Fernando ya desaparecido, el rey hizo donación del diezmo de la paria que le satisfacía esta población zagrí a la iglesia de San Martín de Biel. Aun tratándose sólo de la décima parte del impuesto, debía suponer ya una cantidad de cierta importancia, por lo que la paria completa ya sería un importe respetable. Siempre se había dado de lado a esta observación, pues nunca se pensó que Tauste hubiera sido en aquella época un núcleo de población importante, hasta hace pocas semanas en que encontramos el gran cementerio islámico.

Se había admitido que Tauste había conquistado por Alfonso I el Batallador en 1105, como consecuencia de la conquista de Ejea, en su avance hacia Zaragoza, haciendo donación de todo ello al Monasterio de San Juan de la Peña. Sin embargo, Carlos Laliena detectó un error importante en la interpretación de los datos, pues en el documento de donación se hablaba del abad García, pero éste había comenzado a dirigir este monasterio a principios de 1121 y el de 1105 se había llamado Sancho. Incluso con Ejea se plantea el interrogante de si fue conquistada en 1105 o 1110, pero, aunque fuera en 1105 y Tauste con ella, pierde totalmente relevancia esa conquista por lo que vamos a ver a continuación.

Resulta que desde el año 1086, el resto de Alandalús viene siendo ocupado por los almorávides, pueblo guerrero y fanático procedente de grupos nómadas del Sahara. El reino saraqustí nada puede hacer militarmente contra ese imperio africano en expansión, pero a base de intensas actividades diplomáticas, a diferencia del resto de los reinos de taifas de la Península, sigue manteniendo su independencia. Este difícil equilibrio se ve roto, por fin, en 1110, año en que los almorávides se hacen con el control de este territorio, terminando así los 92 años de aquel reino zagrí. De la repercusión que aquello tuvo en nuestro pueblo hay una noticia procedente de la iglesia de Santa María de Uncastillo, en un documento en el que se menciona “in illo agno quando preserunt moros Teust”, alusión más que probable al apoderamiento de Tauste por las tropas bereberes.

Podríamos contar anécdotas curiosas, como que el sultán zaragozano Abd al Malik, que reinaba con el título de “Imad al Dawla” (El Pilar de la Dinastía), se refugió en el castillo de Rueda y mantuvo negociaciones con Alfonso I para llegar a un acuerdo por el que éste le ayudaría a recuperar Zaragoza a cambio de recibir la ciudad de Tudela.

El caso es que Zaragoza duró tan sólo ocho años en poder de los almorávides, acabando con la entrada triunfal de Alfonso I de Aragón en la ciudad, el 18 de diciembre de 1118. Pero el hecho relevante es que Tauste seguía en poder musulmán, en contra de lo que siempre se ha dicho. En 1119 caen Alagón, Tudela y Tarazona, y Tauste no debió caer hasta la primavera de 1121. Alfonso I menciona en su crónica que tuvo "frontera” (enfrentamiento bélico). No dejan de ser un enigma los motivos por los que Tauste, ante la desesperada situación en que se encontraba respecto al mundo cristiano que lo rodeaba, opuso resistencia militar, la cual no debió de ser escasa, pues tuvo que ser severamente agredido y doblegado a la fuerza. Esto explica por qué en época ya cristiana nunca aparece en Tauste población musulmana ni morisca; los supervivientes que quedaran serían obligados a emigrar, en el mejor de los casos, o, en el peor de ellos, ejecutados o convertidos en esclavos.

Es una historia que contrasta con la de la vecina Borja, que fue tomada pocos meses más tarde, donde no ofrecieron resistencia y Alfonso les concedió unas ventajosas condiciones de capitulación, permitiéndoles conservar su libertad, sus bienes, derecho vital de emigrar, sus propias leyes y jueces, etc., todo ello a partir de “el día en que entrasteis en mi poder y fuisteis de mis criaturas”, perdonándoles “cuantos males y errores hicisteis hasta el día en que fue hecha esta carta”.

Sinceramente, estuvieron muy bien los actos organizados durante 2005 con motivo de la celebración del IX Centenario de la incorporación de Tauste al Reino de Aragón y mereció la pena. Pero me temo que aquí nos cuentan las cosas y lo único que sacamos en limpio es decir al día siguiente “qué bien estuvo este hombre anoche y qué cosas más interesantes nos dijo”, sin que cambie la consideración de un hecho tan importante en nuestra Historia.

No es algo precisamente baladí el hecho de que Tauste fuera conquistado en 1105 o 1110 con Ejea o nada menos que tres años después que Zaragoza.

¿Seremos capaces de celebrar en 2021 el IX Centenario de la verdadera incorporación de Tauste al Reino de Aragón?.

P.D. Me guardo otra celebración en la manga, no menos importante, para 2018: el 1º Milenario de la Creación del Primer Estado Independiente en el Valle Medio del Ebro”, con la declaración de independencia del Reino de Saraqusta por Mundir I. A ver si vamos a celebrar el 1º Milenario del Nacimiento del Reino de Aragón en 2035 (muy importante, por supuesto) y se nos va a olvidar éste antes.
Otra observación más: fíjense en que no utilizo la palabra "reconquista", puesto que, cuando Alfonso I toma estas tierras, es la primera vez que entran a pertenecer a su reino. No se trata de unos territorios que antes hubieran pertenecido ya a Aragón, por tanto se trata de una "conquista" pura y dura y no "reconquista".

sábado, 18 de diciembre de 2010

UNA DE ROMANOS

Lo que quiero contar hoy no tiene nada que ver con el pasado zagrí de nuestro pueblo, pero me apetece hacerlo porque se trata de un hecho de indudable trascendencia para nuestro mundo actual. Algo que la mayoría de la gente ignora y que tuvo su origen en un lugar olvidado del actual Aragón, situado en la Comarca de Calatayud, entre Mara y Belmonte.

Allí se encontraba una población celtíbera llamada Segeda (Sekaisa), a la que los romanos habían declarado la guerra por haber ampliado el límite de sus murallas (mira tú qué delito). Segeda se alió con Numancia para luchar contra el ejército romano y en el año 154 a.C. lograron parar el ataque de éste contra Segeda, mandado por el cónsul Quinto Fulvio Nobilior, para luego pararlo en Numancia.

En 153 a.C. vencen al ejército de Quinto Fulvio Nobilior compuesto por 30.000 hombres. Las tropas celtíberas, compuestas por segendeses y numantinos, iban mandadas por un tal Caro de Segeda. Se habla de 6.000 muertos romanos, para que vean ustedes que también hubo algún un “viriato” por estos lares. También se dice que el propio Caro murió el mismo día, persiguiendo al ejército romano en desbandada. Se ve que le había cogido gusto a eso de matar romanos, pero, al final, Caro lo pagó caro.

Pues bien, puestas las cosas así de feas para la todopoderosa Roma, decidieron realizar un cambio en el calendario que perduraría hasta nuestros días. Resulta que, hasta entonces, el cambio de año se realizaba hacia el 15 de marzo, con la entrada de la primavera, siendo en esa fecha cuando se llevaban a cabo las elecciones de los nuevos cónsules. Para la campaña contra Segeda, ello implicaba que, entre preparativos, desplazamientos y demás, se plantaban en estas tierras ya iniciado el otoño y pasar las penurias del frío invierno, por lo que decidieron adelantar las elecciones al 1 de enero y así poder iniciar la campaña contra Segeda a primeros de verano.

El final de la historia ya la pueden imaginar: ganaron los romanos, faltaría más, que para eso era el ejército más poderoso del mundo, pero el nuevo calendario quedó instaurado así hasta nuestros días. De esta forma podrán comprender por qué septiembre no es el séptimo mes del año sino el noveno, octubre no es el octavo sino el décimo, noviembre no es el noveno sino el undécimo y diciembre no es el décimo sino el duodécimo.

Algo de total repercusión para casi todo el mundo mundial, incluso en la actualidad, y que tuvo su origen aquí, en un lugar de Aragón de cuyo nombre nadie se acuerda.

Curioso, ¿verdad?.

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA TORRE ZAGRI ES NUESTRA (2)


Iba a colgar un comentario como respuesta a los de mis amigos Lucero y José Miguel Pinilla, pero me iba a salir un poco largo y he decidido escribir este post.

Quiero matizar lo de “nuestros antepasados”. Realmente, no hay que tomarlo al pie de la letra desde el punto de vista genético (¿quién puede saber quiénes eran sus antepasados hace un milenio?), sino más bien desde la perspectiva de que se trata de unas gentes que nos precedieron en el hecho de vivir en este mismo lugar y que algo (mucho o poco) tienen que ver con lo que ahora somos nosotros.

No es exacta la afirmación de que “fueran enterrados allí por circunstancias del tiempo”. De igual forma que ahora no es algo circunstancial que a un taustano se le entierre en el cementerio actual de Tauste, tampoco lo era entonces que se le enterrara en ese lugar: era “su cementerio”, el más importante que había en Tauste, pues aparte estarían los de las minorías cristiana y judía, cuyos posibles emplazamientos ya he señalado en otras ocasiones.

En mi trabajo sobre “Tauste en los siglos XI al XIII” situaba estos lugares, basándome en datos que pueden ser consultados en este trabajo. También lo explicaba en un artículo titulado “El cementerio zagrí”, que publiqué en este mismo blog hace casi un año, cuando todavía no se había hecho la cata que demostró finalmente que esos enterramientos correspondían a gentes de religión islámica (lo que no significa que fueran extranjeros, insisto una vez más en ello). Aquel artículo sirvió, entre otras cosas, para que un “gracioso” colgara un comentario que decía: “con tu gran poder de prediccion te invito a que tambien localices donde tenian los moros la parada del autobus". Lo pongo así, tal cual, sin acentos, porque así es como lo escribió su autor. Naturalmente, este tipo de “graciosidades” suelen hacerse desde el anonimato. Pueden verlo en el propio artículo. A lo que quise responderle, una buena amiga mía ya lo había hecho por mí, muy cumplidamente, por cierto. Ya no respondió y me imagino que ahora, ante la evidencia del hallazgo, se lo habrá tenido que comer con patatas.

Cuento esto porque uno debe andarse con pies de plomo. No deja de haber gente que está esperando a que uno resbale para ponerle en evidencia y desacreditarle. No solamente gente que no tiene nada que aportar al asunto, sino que probablemente también haya alguien que, teniendo cosas muy importantes que decir al respecto, permanezca callado, quizá porque todo esto suponga un vuelco de lo que siempre ha pensado y le pesa más su propio ego que el interés colectivo. Esperan a que, de igual forma que ha subido la espuma (pongo el símil de la cerveza), baje y todo quede en el olvido, de forma que nunca cambie nada y sigan permaneciendo sus postulados como válidos e indiscutibles, sobre todo si ellos no tienen nada que ganar personalmente.

Realmente, es una actitud tan cómoda como eficaz. Voy a ponerles un ejemplo de cómo el olvido obra a favor de estas posturas conservadoras.

En diciembre de 2003, el catedrático de Historia D. Carlos Laliena impartió una interesante charla en la Casa de Cultura sobre la conquista de Tauste por parte de los cristianos, en el ámbito de las jornadas de historia que cada año organiza la Asociación Cultural El Patiaz. En aquella charla expuso, entre otras cosas, la gran actividad demográfica y social que detectaba en el valle medio del Ebro en el siglo XI y el dato interesante de que la conquista de Tauste hubiera que fecharla en 1121 en lugar de 1105, como siempre se ha creído, todo ello sólidamente argumentado. Cuando llegó el apartado de ruegos y preguntas, el presentador que estaba sentado a su lado le dijo muy acertadamente algo así como “nos ha trastocado usted, pues pensábamos celebrar en 2005 el IX centenario de la incorporación de Tauste al reino de Aragón”, a lo que él contestó, muy afable, que adelante, que a celebrarlo, que siempre es bueno tener ocasión para celebrar cosas y que aun estaríamos a tiempo de volver a celebrarlo en 2021. Luego supimos que aquel señor se fue de Tauste un tanto desconcertado, con la sensación de que había estado en un pueblo donde las celebraciones oficiales contrastaban con la interpretación que debía hacerse de los documentos.

Fue una de las charlas más interesantes y de alto rigor histórico que se han escuchado en todas las jornadas de historia de Tauste que se vienen celebrando. Al día siguiente el comentario de satisfacción era general, pero pasó el tiempo y todo volvió a quedar como estaba: el concepto de que Tauste fuera conquistado en 1105 (a la vez o a continuación que Ejea) permanece invariable. ¿De qué nos sirve traer a personas cualificadas si después no las tenemos en cuenta?.

No es algo precisamente baladí el que nuestro pueblo fuera conquistado tres años después que Zaragoza (ésta cayó en 1118) y nada menos que 16 años después de lo supuesto hasta ahora. Estoy seguro de que, detrás de todo ello, hay un conjunto de circunstancias apasionantes, algo que contribuiría a resaltar la singularidad de nuestro pueblo ya en aquella época, y parece que nosotros nos empeñemos en no salir de la vulgaridad de siempre. No critico el hecho de que celebráramos en 2005 esa efemérides, pues a esas alturas el evento ya estaba más o menos programado y bien celebrado está, pero, ¿celebraremos en 2021 el IX centenario de la verdadera incorporación del Tauste al reino de Aragón?.

El otro asunto cuestionable del comentario del amigo Lucero es si los restos que aparecen son de las personas que construyeron la torre. Lo primero que hay que resaltar es que se trata de un cementerio muy extenso y, al parecer, bastante denso, con lo cual, hubo de tener bastantes miles de enterramientos. Habrá que aguardar a los resultados del Carbono-14, de los que cabe esperar como fecha más probable la del siglo XI. El arqueólogo, con mucha prudencia, los dató entre los siglos VIII y XII. Si son del XI, podemos suponer con mucha certeza que las gentes que trabajaron en esa construcción fueron enterradas en este cementerio. Si son anteriores, rompería ya todos los esquemas, afortunadamente, pero los rompería, ya que ello supondría que Tauste ya fue muy grande antes de la época de mayor esplendor de Zaragoza, lo cual abriría unos interrogantes fantásticos, dignos de unas líneas de investigación hasta ahora insospechadas.

Mejor será, pues, mantenernos a la espera.

sábado, 4 de diciembre de 2010

LA TORRE ZAGRÍ ES NUESTRA


Hace unos días, a cuenta de esto del cementerio zagrí y de las conclusiones de que la torre de Tauste sea, en su origen, un alminar andalusí, una persona me manifestaba su preocupación.

- ¿Y si ahora nos la piden? –decía ella-.
- ¿Quién? –
le contestaba yo-.
- Pues, eso, los moros.

Vamos a ver: todas esas dudas vienen del falso concepto que tenemos de nuestra historia en relación con el asunto musulmán. Tenemos la noción –quizá porque nos lo enseñaron así en la escuela, en una época muy marcada por la imposición religiosa- de que en España había una gente muy feliz bajo el gobierno visigodo hasta que llegaron los musulmanes jodiendo la marrana (perdón por la expresión). Es verdad que también nos enseñaron que, al final, no fue tan malo el asunto, pues algo se compensó con la aportación cultural que ellos trajeron. Una faceta de ello es, por cierto, tradicionalmente valorada en Tauste, la creación de los regadíos, pues, hasta en la mente de las personas menos cultas está la idea de que “eso nos viene de los moros”, como fuente de riqueza. Pensábamos que hubieran venido a bandadas gentes del Magreb (como ahora, pero muchos más), miles y miles de moros con sus familias, a colonizar España y a imponer su religión en un estado católico, amparados por un poderoso ejército invasor, que era el suyo. Los pobres cristianos españoles serían despojados de sus propiedades y, de esa forma, en tan sólo tres años, se habrían hecho con el control de este país.

Nada más lejos de la realidad. Ya he escrito en otras ocasiones, en este mismo blog, que la invasión musulmana de la Península Ibérica en los comienzos del siglo VIII no fue tanto una invasión armada como cultural. Es cierto que vinieron fuerzas armadas desde el norte de África y gentes del mundo musulmán a establecerse en estas tierras, pero fueron una minoría. Los visigodos, que eran la clase dominante hasta entonces, ejercían el poder de forma tiránica para con el pueblo, con el que casi nunca se mezclaron. Vamos, de todo menos simpáticos. De forma que la llegada del Islam a estas tierras supuso más bien una mejora para los habitantes de aquí que otra cosa. Es un concepto que cuesta asimilar desde la perspectiva actual, pero pensemos que, en aquella época, la religión cristiana no sería más liberal y humanitaria que la musulmana; si acaso, al revés.

De modo que vayámonos haciendo a la idea de que, allá por el 714, cuando llegan los musulmanes al Valle del Ebro, el noble visigodo Casio, propietario de todas estas tierras (afincado en Tudela o por ahí), negocia con ellos y les dice “qué os parece si renuncio al cristianismo, me hago musulmán y vasallo vuestro, a cambio de que me dejéis conservar todas mis propiedades”. Pues vale, asunto resuelto. El siño Casio se hace un viajecico por Damasco y La Meca y viene con el nombre de Banu-Qasi, que así suena más moro. Sus súbditos, es decir, los habitantes de estos lares (Tudela, Tarazona, Borja, Tauste, Ejea, etc.), ¿qué hacen?. Pues muy sencillo: como el señorito se nos ha hecho musulmán, nosotros también (en su gran mayoría, claro), que lo mismo nos da rezar a Dios que a Alá (que dicen que es el mismo) y, además, esta nueva religión parece que es más sencilla y asequible para nuestras cocotas (no tienen cosas raras de “Uno y Trino a la vez”, ni hay intermediarios en la relación entre Dios y el hombre, etc.; en lo demás, todo parecido). Además, si nos hacemos musulmanes, pagaremos menos impuestos.

De esa manera es como nuestros antepasados se hicieron musulmanes. Llevaban aquí siglos (desde cuando los romanos o vete tú a saber), se habían hecho cristianos cuando el Imperio Romano había declarado el Cristianismo como religión oficial y ahora tocaba ser musulmanes. Gentes que nacen, viven, trabajan, gozan, sufren y mueren como nosotros, en unas casas que ocupaban el mismo lugar que ahora ocupan las nuestras, en los mismos campos que nosotros o nuestros ascendientes inmediatos han trabajado, que habitaron este mismo paraje, que vivieron de la misma tierra de la que nosotros vivimos ahora… y que nos dejaron esa majestuosa torre.

- ¿Y si nos la piden?.

¿Quién nos la va a pedir?. ¿A alguien se le puede ocurrir algo tan descabellado como que vengan los italianos a pedir el acueducto de Segovia, sólo porque se construyó en la época romana?. Pues esto es lo mismo.

Claro está que a los italianos no se les va a ocurrir. A la gran mayoría de los musulmanes del mundo tampoco. Cierto es que hay movimientos extremistas en el Islam con el afán de imponer su religión en todo el mundo y reivindicar todo para sí (Alandalús entre otras cosas). Se aprovechan de unas libertades y de unos derechos que aquí tenemos (conquistas sociales que nos han costado siglos de evolución, algo que ellos no han logrado) y que el mundo occidental tendrá que vigilar y defender para que no se malogren por la actitud de esas gentes que abusan de unos derechos que en sus lugares de origen no tienen (ni, menos aún, conceden a los extranjeros), sin admitir unas obligaciones de tolerancia, trabajo, adaptación y convivencia, que deberían suponerse a cambio de esos derechos, a veces al servicio de un proselitismo peligroso. Y quede claro que sólo estoy hablando de unas minorías.

Pero eso es harina de otro costal. Repito que los restos humanos enterrados en la zona sur de nuestro casco urbano no son de personas extranjeras que murieran aquí, sino que eran de aquí. Posiblemente, sus descendientes fueran exterminados, esclavizados o expulsados por los cristianos que vinieron del norte a colonizar estas tierras tras la conquista del Batallador, y, de los cuales, también posiblemente, descendamos muchos de nosotros. Pero hemos de tener conciencia de que nosotros somos la consecuencia de todo ello, del paso, por este viejo solar, de íberos, romanos, musulmanes, franceses, etc., de todas gentes que por aquí pasaron y se quedaron. La expulsión de los vencidos siempre ha supuesto una injusticia, de acuerdo, pero su consecuencia es el afincamiento posterior de esas gentes en otras tierras y la identificación de sus descendientes con las mismas, perdiendo, al final, la identidad de orígenes anteriores.

Por tanto, tengámoslo muy claro: nosotros somos los únicos y legítimos herederos de nuestra torre zagrí. Tenemos que sentirnos muy orgullosos de su origen, sin necesidad de camuflarlo en versiones de que fuera hecha por mudéjares en época ya cristiana, que sólo sirven para restarle su verdadero valor histórico.

Sólo así, no tendremos miedo a que vengan a pedírnosla.
¿Quién?

sábado, 20 de noviembre de 2010

PINILLA SE FUE A SEVILLA


No, no se trata de ningún pareado fácil. Mi amigo José Miguel Pinilla ha estado en Sevilla tan sólo tres días, a primeros de este mes de noviembre, y no pueden ustedes imaginar lo que le ha dado de sí, aun tratándose tan sólo de una simple visita turística.

Diré, para empezar, que me considero medianamente conocedor de esa ciudad, pues, no en vano, pasé allí tres años de mi vida, estudiando arquitectura técnica y he regresado a ella en varias ocasiones. También advertiré que durante los años de carrera, mi vida en aquella ciudad fue dedicada casi exclusivamente al estudio de la carrera, con un contenido eminentemente técnico y carente de aspectos artísticos, por lo que fue una época de escasa sensibilidad por las materias históricas y artísticas. Pero, bueno, de las vivencias y de los paseos por aquella preciosa ciudad siempre queda algo, así es que, cuando José Miguel me dijo que se iba a pasar allí tres días y que si le podía dar algún guión para conocer cosas curiosas de ésas que no suelen ser vistas por los guiris, me metí a fondo, faltaría más. Dije, “hombre, ésta es la mía, para una vez que va a visitar una ciudad que yo me conozco mejor que él” (que siempre es al revés). Para dar toda la talla posible, me puse en contacto con mi amigo Pepe de Sevilla, conocedor como nadie de todos los rincones y entresijos de aquella urbe, también arquitecto, para más señas: “mira, Pepe, que José Miguel va para Sevilla y, aunque ya la conoce, más o menos, tenemos que darle información de cosas curiosas y no habituales, de ésas que tú te sabes, de tipo arquitectónico, gastronómico y todo lo que se te ocurra”. A Pepe le faltó el tiempo para mandarme una guía completísima y decirme “dale mi número de móvil y que me llame, que me gustará acompañarle”. Todo eso y más (ya de mi cosecha propia) se lo paso a José Miguel y él, a Sevilla que se va, acompañado, por supuesto, de su santa.

Tres días es poco tiempo, porque Sevilla es mucho Sevilla. Pues no vean ustedes lo que vino contando a su vuelta. Comiendo en un restaurante, me llenó el mantel (era de papel) de dibujillos como él sabe hacerlos, todo ello improvisado, doy fe de ello, no vayan a pensar que el tío se lo trae preparado para tirarse el farol. Comienza a dibujarme el perímetro de la ciudad almohade, con los restos de la antigua muralla al norte (junto a la Macarena), la Puerta de Jerez al sur, la Puerta de Carmona al este y el Guadalquivir al oeste. Me sitúa la catedral con la Giralda y el Patio de los Naranjos, que, ya saben ustedes que era la mezquita mayor, con el alminar almohade y el sahn o patio de abluciones. Pero a continuación me dibuja otro cuadradico y me dice que eso había sido la mezquita mayor antes que ésta, pero que se les había quedado pequeña y decidieron construirla en este otro sitio. Por supuesto, no es algo que haya descubierto él, que esa información existe, pero no deja de ser algo curioso, poco sabido y que, además, da una explicación lógica al hecho de que la segunda mezquita aljama (la actual catedral) se encontrara prácticamente en un extremo de la medina y no en el centro de la misma, como estaba la anterior. Esta “anterior” que nombramos no es otra que la actual Iglesia del Salvador, una iglesia barroca, grandiosa ella, situada en la plaza del mismo nombre (frente al Hospital de San Juan de Dios) con un patio totalmente reformado que tuvo que ser el sahn y donde se encuentran los restos de lo que pudo ser el alminar. Para mí no deja de ser toda una primicia, así como –supongo- para todo sevillano que se precie.

No quedó ahí la cosa. En el mismo mantel me dibujó plantas y alzados (de memoria, qué tío) de otras iglesias del casco viejo “sospechosas” (como decía él). Plantas de tres naves con portadas barrocas en sus fachadas, pero en las que, de repente, aparecen ventanicas de arcos de herradura o polilobulados (moricos, ellos), en construcciones totalmente “cristianas”, con ábsides apegados de diferentes alturas que las naves, en los que se aprecia que son posteriores a las mismas, y que, para más inri, la torre tiene unas pintas de alminarico que tú no veas. Pero, claro, ahí está la versión de los historiadores: "iglesia gótica con elementos mudéjares, portada barroca de época posterior y torre mudéjar", porque estaban encantados de su Giralda y les gustaba imitar el arte hispano-musulmán. ¿Y no será una mezquita reutilizada, a la que le han apegado el ábside para cristianizarla, y han mantenido el alminar como campanario?.

También resulta “divertida” la interpretación de que, en los Reales Alcázares, el Patio de las Doncellas sea mudéjar, obra de Pedro I el Cruel, mientras que Alfonso X el Sabio, un siglo antes, hacía su parte en el mismo recinto, gótica, por supuesto, como Dios manda. Raro, ¿verdad?. Pero bueno, es la versión oficial.



Patio de las Doncellas. ¿Dónde he visto yo antes los arcos entrecruzados que se ven en la alberca, en la parte inferior de la foto?

Total, que acabó la comida y allí quedaron los dibujillos sobre el mantel de papel, entre migajas de pan, manchas de vino, café, etc. Retuve en la mente el plano de la ciudad que él había dibujado en la comida y, ya en casa, no pude resistir la tentación de sacar el plano que tengo de Sevilla y me dije “qué tío, imposible que no hubiera uno como éste debajo del mantel y él lo haya calcado sin yo haberme dado cuenta”. Entonces recuerdas el tono en que te lo ha contado todo: como el que no quiere la cosa, sin ninguna importancia, como si el mérito de saber interpretar de esa manera las ciudades y los edificios no fuese con él.

Lástima de mantel. Seguro que fue a parar a la basura.

viernes, 29 de octubre de 2010

EL CEMENTERIO ISLÁMICO DE TAUSTE


Ayer, 28 de octubre, comenzaron las excavaciones arqueológicas del hallazgo de restos humanos en la Avda Obispo Conget, a la altura aproximada de su confluencia con la C/ Costa. Los trabajos se llevan a cabo bajo la dirección del arqueólogo Francisco Javier Gutiérrez González, quien, después de examinar los restos encontrados, manifestó que, sin duda alguna, corresponde a un cementerio musulmán.

Dicho cementerio parece tener unas dimensiones sorprendentemente grandes, dadas las informaciones orales facilitadas por personas de la localidad que manifiestan haber tenido conocimiento en algún momento de la existencia de estos restos en diversos puntos de la zona.

Los cadáveres aparecen a escasa profundidad, todos ellos orientados en la misma dirección, siguiendo la tipología típica del enterramiento islámico: depositados en una zanja estrecha, colocados de perfil, sobre el costado derecho y con la cara mirando hacia La Meca. Falta por precisar exactamente la datación de estos restos, para lo cual será necesaria la realización de pruebas de carbono-14. No obstante, cabe adelantar con toda seguridad que la datación más probable es la comprendida entre el siglo VIII (islamización de la Península Ibérica) y principios del siglo XII, fecha en que se produce la toma de Tauste por Alfonso I el Batallador. Efectivamente, a partir de esta fecha no resulta factible la datación de un cementerio de tales proporciones y con la alta densidad de enterramientos que aparece, pues, según los historiadores, después la conquista cristiana no debió quedar población musulmana en Tauste, y, aunque quedara, sería una minoría, por lo que este cementerio tuvo que pertenecer a una época en la que esta población fuera predominante y muy numerosa.

Las características de la necrópolis hallada corresponden al clásico cementerio musulmán o al-maqbara: se situaban en una orilla del camino principal que llegaba a la ciudad, fuera de la misma, pero pegado a la muralla. Era frecuente que el pueblo creciera invadiendo la parte del cementerio inmediata al casco urbano, desplazándolo cada vez más hacia afuera, llegando a rebasarlo en algunos casos. En Tauste, está claro que el camino principal que llegaba a Tauste sería el de Zaragoza, que pudo tener aproximadamente el mismo trazado que en la actualidad marcan la Avda. Independencia, Alfonso I el Batallador hasta Plaza Felipe V, C/ Santa Ana, C/ Fray Angel Martínez y C/ Zaragoza. La ubicación del cementerio en el lugar donde aparece indica la probabilidad de que hubiera una muralla de tapial en esta zona que lo separara del pueblo, la cual rodearía a todo el casco urbano, incluidos todos sus arrabales, como método de control y defensa. Así pues, el visitante que llegara a Tauste en aquella época, una vez dejado el cementerio a su derecha y franqueada la muralla de tapial en esta zona, se adentraría en el arrabal (actual barrio de Santa Ana) hasta llegar a la medina (actual Barrio Nuevo), que era el casco fundacional de la población, encerrado por la muralla de piedra. La puerta principal de acceso a la medina debió de estar en la actual esquina Berroy (confluencia de C/ Zaragoza con C/ Germán). Generalmente, las puertas recibían el nombre de la ciudad a donde se dirigía el camino que de ella partía, por lo que ésta debió de ser la Puerta de Zaragoza o Bab Saraqusta.

El hallazgo y las conclusiones inmediatas que de esto derivan suponen un vuelco total de la interpretación de la historia de Tauste admitida hasta ahora, pues, según la misma, cuando Alfonso I consuma su conquista, prácticamente no tenía siquiera entidad de población, limitándose a unas pocas casas ubicadas en lo que ahora se conoce como “Barrio Nuevo”.

Sin embargo, esta interpretación venía siendo cuestionada desde hace un par de años, cuando yo mismo expuse en mi trabajo “Tauste en los siglos XI al XIII” una serie de observaciones de tipo constructivo sobre la torre “mudéjar” y su relación con la iglesia de Santa María y el resto del entorno, de las cuales se deducía claramente que la torre era anterior a la iglesia y la teoría de que realmente fuese el alminar de la mezquita que allí hubiera, en cuyo solar se construyó posteriormente la iglesia, manteniendo el magnífico alminar-atalaya y reutilizándolo como campanario.

Los argumentos de ese trabajo seguían en la línea de otros investigadores anteriores, como el Profesor Íñiguez Almech y, posteriormente, Agustín Sanmiguel Mateo y los arquitectos Javier Peña Gonzalvo y José Miguel Pinilla Gonzalvo, quienes vienen detectando desde hace años la existencia de torres y otras edificaciones catalogadas como mudéjares, cuando realmente se trata de alminares zagríes y construcciones de la época andalusí, tanto en Zaragoza capital como en pueblos de la provincia. Posiblemente, la realización de estudios arqueológicos en los alzados de estos edificios corroboren algún día estas afirmaciones que ya, de por sí, vienen siendo bastante evidentes.

Esta corriente de interpretación va adquiriendo cada vez más solidez por la aportación de diversas observaciones hechas por algunos historiadores, como Marisancho Menjón, y otros elementos de juicio muy a tener en cuenta, como las declaraciones de Ana Isabel Lapeña sobre el origen más que probable de la torre de Tauste como alminar musulmán o la gran actividad en esta zona antes de la conquista cristiana, advertida por Carlos Laliena.

El importante hallazgo ante el que nos encontramos induce a superar la inercia hasta ahora establecida para admitir el origen zagrí (de Zagralandalús o Marca Superior de Alandalús) de la torre y de la magnitud de Tauste en aquella época. La datación de todo ello en el siglo XI nos sitúa en un periodo brillante de nuestra historia, la del reino musulmán de Saraqusta, que abarcó a buena parte del Valle del Ebro, llegando hasta el Mediterráneo (extensión superior a la del Aragón actual), y en el que, a pesar de haber destacado por una notable prosperidad en todos los campos, hasta ahora no se reconocía que pudiera subsistir nada de su época, salvo el Palacio de la Aljafería.

Así pues, el descubrimiento del cementerio zagrí coloca a Tauste a la cabeza en el reconocimiento de algo tan único y especial. En lo sucesivo, será muy importante la reconsideración de esos monumentos en los que, bajo la etiqueta errónea de “mudéjar”, se esconde un rico conjunto de arquitectura andalusí insospechado en un territorio como el nuestro, tan al norte de Andalucía, algo digno de tener muy en cuenta para el desarrollo turístico y cultural de nuestra tierra. Un patrimonio tan exótico y sugerente como éste que se pone de manifiesto (no por ello carente de realismo y evidencia), podría y debería ser objeto de un tratamiento muy esmerado, sobre todo ahora que se plantea la candidatura de Zaragoza para Capital Europea de la Cultura en 2016, ocasión de oro para darlo a conocer como se merece.

Autor: Jaime Carbonel Monguilán. Arquitecto técnico.

sábado, 23 de octubre de 2010

ARTICULO EN LA REVISTA "AYER Y HOY"


Transcribo a continuación, literalmente, un breve artículo que aparece en la página 8 de la revista “Ayer y Hoy”, correspondiente a la segunda quincena de octubre de 2010:

Tauste pierde una subvención para Turismo

El Ayuntamiento de Tauste ha perdido una subvención de la Comarca para abrir la oficina de Turismo. “El expediente no ha podido salir; hemos estado sin secretario, por tanto, no son circunstancias achacables a este alcalde”, dijo José Luis Pola en el pleno del pasado día 14 quien apostilló: “Al no abrir la oficina tampoco hemos tenido gastos”.
Lrecordar que la localidad no ha contado con oficina de Turismo durante este verano.

Quiero insistir en que se trata de una transcripción literal, incluidos los posibles defectos de escritura.

Lo primero que se me ocurre es que no me lo creo. ¡Chico!, ¡¡No me lo creo!!, ¡¡¡Que no puede ser!!!.

¡Una subvención de la Comarca!. ¿De qué vas, hombre?, si el presidente de la Comarca es precisamente nuestro alcalde y eso nunca lo consentiría.

De todas formas, pensándolo bien, qué suerte tenemos los de Tauste con no tener oficina de turismo. ¿Para qué vas a mantener un gasto en algo que no da ningún de sí?. Si no viene nadie a Tauste, mejor, que luego nos critican y dicen que tenemos un pueblo muy mal cuidado. ¡Serán insolentes!. Pues si no les gusta, que no vengan. Que se vayan a Ejea en cuenta, o a cualquier otro sitio. Que a nosotros nos gusta tener las calles con pozos y el centro del pueblo con solares sin edificar y casas en ruina. ¡Cuanta tontada!.

¿Para qué vas a enseñarles esa torre mudéjar, con las que hay por ahí, en otros pueblos?. Y la Iglesia… lo mismo. Y la de San Antón…, vaya tontada que hicieron con restaurarla. Se gastaron una millonada en ese terrón y ahora no saben qué hacer con él. Más les valía haberla tirado y haber gastado ese dinero en cuenta en Ejea o en cualquier otro sitio, que aquí, ¿para qué la queremos?. Ahora tendríamos la plaza de San Antón más grande y sin ese estorbo en medio. Total, que vienen visitantes y lo más que hacen de gasto es tomar algún café o, a lo máximo, comer en Pepe, Candeque, Torreón o donde sea. Pues, para eso, que se vayan a Ejea o a cualquier otro sitio, a dejarse sus dineros, que podrán comer igual o mejor. Imagínate tú el problema que sería si aumentara el turismo en Tauste, se llenaran las plazas hosteleras, hubiera que hacer más… con lo bien que estamos así.

Claro, que si el dinero de la subvención que iba destinado para Tauste se ha perdido (si lo del artículico es cierto), en otro sitio se gastará, que a lo mejor hasta lo necesitan más que nosotros. Bueno, eso seguro, porque está claro que nosotros no lo necesitamos. Para que gasten aquí en tontadas, más vale que lo gasten en otro sitio, aunque sean tontadas también, en Ejea, por ejemplo, que es y será siempre un pueblo más desfavorecido que el nuestro (debe de ser verdad, porque se lo oí decir una vez a un alcalde de Tauste).

Como la Casa de la Cámara. ¡Menudo problema!. Se gastan otro dineral y ahora no la pueden abrir. Y si la abren, otro gasto tonto más. Más les valía haberla tirado y haber hecho pisos en cuenta.
Es como la iluminación de la Plaza de Santa María, que cuando salía la gente de la Salve en estas fiestas pasadas, iban todos al tentón. Y la torre sin iluminar. Luego va y se enciende a las 10, a lo que ya no quedaba ni dios, y se pega toda la noche. Vaya gasto tonto, eso todos los días, total, para que la vea ¿quién?. Ahora, que en otros pueblos aun son más tontos, que iluminan sus monumentos en cuanto se hace de noche.

Y puestos en la burra, ya no puedo evitar remontarme atrás y pienso: ¿para qué harían la Casa de Cultura, si no da ningún de sí?. Cursillos y tontadas de esas. Como almacén agrícola, hubiera tenido más utilidad. ¿Y el polideportivo?. Otra tontada, y el dineral que cuesta mantenerlo.

Mientras tanto, qué bien estamos con nuestros pocicos en las calles. Chico, que no es para tanto, que es hasta divertido conducir así, esquivándolos, y así no gastamos en tontadas, que eso de sacar partidas y presupuestos adelante, supone mucho trabajo de gestión y debe de cansar mucho. Que no venga aquí dinero público, que se lo lleven a otro pueblo (a Ejea o a cualquier otro sitio) y que se fastidien ellos gastándolo en tontadas.

Desde luego, sí que hay una cosa que vienen haciendo muy bien nuestros ediles desde tiempos ha (desde siempre, diría yo): las obras de urbanización nunca son proyectadas por técnicos locales porque deben de ser muy malos y no deben de saber hacerlas (yo aquí, aunque soy de Tauste y estoy en el mismo saco, me libro porque, como arquitecto técnico, no realizo esa actividad, así que se chinchen el resto de los técnicos, jeje), de modo que los encargan a un gabinete de Zaragoza, que, como son de capital, deben de ser mucho más agudos que los de aquí, que son de pueblo. Menuda millonada se deben de llevar al año. ¿Sabes tú lo que suma el porcentaje de honorarios correspondiente a los dineros que se gasta Tauste en calles y plazas anualmente?.Y les parece a los del pueblo que ellos deberían ser antes que los de Zaragoza, sólo porque son, viven y contribuyen aquí. ¡Qué tendrá que ver!. Y si no, que hubieran sido más listos y habrían sido de capital y no de pueblo.

Mejor que se lleven el dinero fuera, honorarios técnicos, subvenciones y todo, a ver si se cae la Casa de la Cámara antes de abrirla y no tendremos que gastar en mantenerla, que se caiga San Antón y nos libramos del problema de no saber qué hacer con él, que se caiga la torre antes de gastar en la contención (haremos otra más pequeñica, y ya está, como San José, miá pa qué) y al que le dé vergüenza vivir en Tauste, que se vaya a vivir a otro pueblo y que nos deje en paz a los demás.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

A VIVIR ARAGÓN

Deseo manifestar desde aquí mi gratitud a Noeli Barceló por haber tenido en cuenta la importancia de nuestra torre (la que ya tiene reconocida más la añadida que merece al reconsiderar su historia) y contar con mi presencia en el programa de Radio Zaragoza “A vivir Aragón”, el pasado sábado, día 18, que fue emitido desde el Centro de Interpretación del Agua de Tauste.

Me impresionó especialmente la tremenda profesionalidad del presentador del programa, Miguel Mena, y, en especial, su gran delicadeza y la eficacia con que supo captar el alma de todo lo que vengo exponiendo aquí, en este blog, desde hace ya más de un año, a pesar de la escasa disponibilidad de tiempo, circunstancia siempre presente a conjugar en estos programas de radio y televisión.

Gracias a ellos y, también, a Enrique Galé, tuvimos la ocasión de lanzar en un programa de tanta difusión apenas una señal, una pista, de lo que es y representa nuestra torre, como arquitectura única, perteneciente a una época de nuestra historia tan apasionante como desconocida.

No se podía decir todo en ese corto espacio. Nos faltó decir que nuestras torres octogonales aragonesas no tomaron el modelo de las catalanas (como alguien ha dicho en alguna ocasión), sino más bien al revés. Tampoco hubo espacio para contar que su estructura no está copiada de los alminares almohades, sino, también al revés, que son éstos los que adoptan las técnicas aquí desarrolladas, llevadas al sur de la Península por gentes procedentes de nuestras tierras, que tuvieron que marchar tras la conquista de Alfonso I, etc.

Pero creo que fue suficiente En octubre se inaugurará en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza una gran exposición sobre el arte mudéjar aragonés, en la que, si sale nuestra torre (recordemos que en el Pabellón de la Diputación de Zaragoza en la Expo no le dedicaron ni un triste lugar) nos volverán a decir que es mudéjar del siglo XIII o XIV, pero la semilla ya está echada y bien abonada con amplios e irrebatibles argumentos.

Ahora sería fabuloso que también a Javier Peña y a José Miguel Pinilla, quienes han fundamentado toda esta movida (casi 30 años de investigación en esta materia, destripando y restaurando edificios zagríes y mudéjares, discípulos y sucesores del ínclito profesor Íñiguez) se les diera la oportunidad de exponer en un medio de semejante difusión todo el contexto del legado zagrí y por qué tenemos un patrimonio andalusí tan rico en una tierra situada tan al norte de Andalucía, en una España donde hablar de ello sólo parece limitarse a la Mezquita de Córdoba, la Giralda de Sevilla, la Alhambra de Granada y poco más, monumentos de los que, por cierto, bien orgullosos nos sentimos todos los españoles.

Me preguntaba un amigo el otro día que “todo esto, ¿para qué?, ¿dónde se supone que termina este empeño?”. Buena pregunta. Intenté explicarle la pena sentida por la destrucción sistemática en los últimos tiempos de nuestra arquitectura popular, de nuestra historia, de nuestro pasado, casi siempre a manos de los propios taustanos, así como la indolencia que rodea todo ello, la falta de aprecio por lo propio y el sentido de inferioridad respecto de lo ajeno, que siempre nos parece más valioso. Eso crea una mayor necesidad de poner en valor lo que nos queda… y en ello estamos.

Quizá vendría bien un proyecto global de promoción turística, que nos sirviera para empezar por nosotros mismos, educarnos y concienciarnos. A veces, es necesario que vengan de fuera a abrirnos los ojos. Yo mismo aprendí a mirar nuestra torre de otra forma gracias a las continuas observaciones de José Miguel Pinilla, mientras construíamos la casa de mis amigos Javier Tajada y Maite Carbonel, desde la que se goza de una vista privilegiada. Con su natural sencillez, José Miguel me descubría cada día algo nuevo acerca de ese “objeto” inerte que todos hemos conocido siempre en ese lugar tan corriente y vulgar. Un día era el detalle de la rotura de las ventanas para colocar las campanas, otro día era el gran tamaño… y así sucesivamente. Al principio, seguía pasando desapercibida, pero, a medida que la obra avanzaba, también crecía en mí una fascinación insospechada por esa gran torre. Gota a gota, me fue contagiando, y empecé a trabajar en ello.

Decía lo de la promoción turística porque, al final, todo esto de la cultura y del romanticismo difícilmente se sostiene si no cuenta con un soporte económico. Estoy seguro de que, bien gestionado, podría suponer, como en otros lugares, un buen motor económico que contribuyera a que Tauste pudiera ser un día un pueblo más cuidado y más digno de ser visitado y conocido, del que poder sentirnos orgullosos, que patrimonio, no sólo arquitectónico, sino también de tipo tradicional, folclórico, cultural, histórico, gastronómico, fluvial, paisajístico, etc., no nos falta. Ahora hay que saber venderlo y, así, contribuir a dejar a nuestros hijos un buen lugar en el que vivir, sin tener que abandonar sus raíces y el lugar de sus ancestros.

No es ninguna tontería.

viernes, 3 de septiembre de 2010

VALORACIÓN ARQUITECTÓNICA COMPARADA DE LA TORRE DE TAUSTE

Tan acostumbrados como estamos a ver nuestra torre en su enclave de siempre, es difícil hacernos idea de hasta qué punto es valiosa si no la comparamos con las demás.

En este artículo, pretendo desarrollar, en la medida de lo posible, las afirmaciones hechas en el anterior sobre las bondades y grandezas de la torre de Tauste mediante su relación con otras torres, en orden de mayor a menor afinidad en cuanto a tipología constructiva.

Reconozco que la exposición que sigue a continuación resulta demasiado extensa, por lo que intentaré realizarla de la forma más asequible y didáctica posible.

Lo haré en base al siguiente orden:

1.- Origen de la planta octógona en las torres aragonesas de ascendencia islámica.
2.- Particularidades de la torre de Tauste.
3.- Torres semejantes.
4.- Otras torres octogonales de ascendencia islámica.
5.- Torres octogonales de ascendencia cristiana.
6.- Conclusiones.

Quiero aclarar que una parte de la información recogida para la redacción de este artículo está tomada del libro “Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y de Daroca”, de Agustín Sanmiguel Mateo. Asimismo, utilizaré el término “ascendencia islámica” (copiado de Agustín Sanmiguel) para referirme a ellas con la debida prudencia y evitando el conflictivo problema de la cronología: dentro de este calificativo caben tanto las torres construidas como alminares (en época zagrí o en época cristiana) como las construidas también por alarifes moros (incluso cristianos, pero con las técnicas heredadas de aquéllos), ya concebidas directamente para campanarios cristianos.

1.- ORIGEN DE LA PLANTA OCTÓGONA.-

La verdad es que no está muy claro el origen de la planta octogonal en las torres aragonesas de ascendencia islámica. Para encontrar un claro precedente, tendríamos que irnos al ámbito iraní, donde encontramos alminares muy esbeltos de planta circular y, también, algunos de planta octogonal (Miskina, en Siria, y Kirat, en Irán, ambos del siglo XI) construidos en ladrillo y provistos de una decoración en ladrillo resaltado, como los de nuestra tierra.

ALMINAR DE BUJARA. UZBEKISTÁN

Posiblemente, las primeras torres octogonales realizadas en Zagralandalús sean las del conjunto fortificado de Calatayud, las cuales, por ser una arquitectura militar, son hechas con tapial de yeso y carentes de decoración. Cabe pensar en la intención de construir algo parecido a la planta circular, pero como la técnica del tapial se realiza mediante encofrados y éstos se realizan mediante tableros planos, se forma un octógono, como polígono parecido al círculo, lo cual no deja de ser pura especulación.


ALCAZABA DE CALATAYUD

De cualquier forma, resulta evidente la clara ascendencia de la arquitectura persa (materiales empleados y técnicas constructivas), así como el hecho de que las primeras torres octogonales de Zagralandalús y, posiblemente, de toda la Península Ibérica, son las de la alcazaba de Calatayud.

2.- PARTICULARIDADES DE LA TORRE DE TAUSTE.-

Sólo voy a definirlas desde el punto de vista que nos ocupa, para poder establecer una relación con las demás torres octogonales, sin entrar en problemas de tipo cronológico.

La de Tauste es una torre de planta octogonal, de aristas exteriores vivas, construida totalmente exenta en su origen, hasta que fue alcanzada con la construcción de la iglesia de Santa María. Su base es maciza (salvo una primera estancia circular colmatada de enronas) y tiene una decoración resaltada en ladrillo de marcada influencia oriental. Algunos de estos motivos no se repiten fuera de Aragón y, concretamente uno de ellos, es único en todo el mundo occidental (el situado bajo el cuerpo de campanas).
Destaca por su perfección en la ejecución y gran tamaño.

3.- TORRES SEMEJANTES.-

Podemos llamar “torres semejantes” a las que poseen las características generales antes señaladas: planta octogonal, esquinas vivas, base sólida y construcción y decoración en ladrillo. De ellas, encontramos cuatro, que junto con la de Tauste, constituyen un conjunto único y singular, situadas todas ellas a lo largo de un tramo concreto del valle del Ebro. Podríamos denominarlas como las “Cinco Torres Hermanas” (, salvo el número 5, nada tiene que ver con las “Cinco Villas”). Me referiré a ellas en el mismo orden cronológico en que pienso que fueron construidas:

- Alminar de la mezquita aljama de Saraqusta.-

Encerrado y oculto dentro de la torre barroca de la Seo. Sabemos que es octogonal y de mayor tamaño que las otras cuatro, tal y como corresponde al alminar de la mezquita más importante del reino zagrí. Nada sabemos de su decoración exterior, oculta desde el año 1700 tras la obra barroca del arquitecto italiano Contini, pero cabe suponer que su riqueza iría en consonancia con su gran importancia y tamaño. Podemos imaginarla similar a la de Tauste, pero todavía más grande. Probablemente, se trata de la primera torre octogonal de estas características construida en el mundo occidental. Es una pena: está ahí, pero no la podemos ver; sólo su interior, si subimos por la escalera. Podemos conformarnos haciendo un esfuerzo de abstracción, poniéndonos en la plaza de la Seo a contemplar la torre, imaginando que el envoltorio barroco es transparente y adivinando dentro una majestuosa torre octogonal, construida en ladrillo y con paños decorativos en el mismo material (rombos, arcos entrecruzados, esquinillas, lazos, etc.).

- Torre de San Pablo.-

Resulta lógico pensar que fuera construida como alminar, a imagen y semejanza del alminar de la mezquita-aljama. Interiormente se divide en estancias superpuestas de planta circular, cubiertas cada una de ellas mediante cúpula semiesférica. La escalera intramural asciende sin descansillo alguno. La primera decoración vista, salvo alguna franja de esquinillas, no aparece hasta justo debajo de los ventanales del cuerpo de campanas (arcos entrecruzados), lo cual le confiere cierto aspecto de sobriedad. Tiene otra franja de arcos entrecruzados en la parte inferior, pero no es visible sino desde el patio interior de la iglesia. Fue recrecida en el siglo XVI.

- Torre de Tauste.-

De dimensiones similares a la de San Pablo (antes del recrecimiento de ésta), parece una versión “perfeccionada” de la misma. La construcción de un alminar tan imponente a 42 Km. de la capital sólo se justifica por el afán de mostrar la grandeza del reino a quien se adentrara más acá de sus fronteras, como anticipo de lo que esos viajeros podían encontrar en Saraqusta. Su decoración es más abundante y variada que la de San Pablo (por no hablar ya del paño de signos caligráficos de la Tauste) y su ejecución resulta más cuidada en ciertos detalles. Como ejemplo de ello podemos citar, en los ventanales, la correcta resolución del apoyo de los arcos geminados sobre la pilastra central, con ladrillos en ménsula, en contraposición con la tosquedad del mismo detalle en la de San Pablo.


CAMPANARIO DE TAUSTE

CAMPANARIO DE SAN PABLO

Por otra parte, la escalera presenta una secuencia más cómoda de ascenso, alternando, en casi todo su desarrollo, tramo de peldaños con tramo de rellano, en cada una de las caras del octógono, lo que facilita un tránsito mucho más cómodo.

Una de las diferencias más notables respecto a la de San Pablo se encuentra en las estancias interiores, las cuales, en lugar de ser cilíndricas, son octogonales y cubiertas, por tanto, mediante bóvedas esquifadas de ocho paños (como corresponde a su planta) y no por cúpulas semiesféricas.

- Torre de Alagón.-

Esta torre es de proporciones más pequeñas que las anteriores. Sin tener nada que despreciar hacia la profesionalidad de los alarifes que la construyeron, no tiene nada que ver con la finura del trabajo que presentan las anteriores.

- Torre de Pradilla de Ebro.-

De dimensiones más pequeñas todavía, en ésta, el núcleo central, en lugar de estar constituido por estancias superpuestas, es un machón macizo en torno al cual transcurre la escalera.

Que yo sepa, existen tres torres de características similares a estas cinco, aunque fuera del contexto geográfico y cronológico de las mismas:

- La torre de “La Señoría”, en Sabiñán, cuyo cuerpo inferior es un posible alminar mudéjar del siglo XV.

- La del monasterio de Rueda, que recuerda en su parte baja a la de Tauste de manera extraordinaria, aunque de dimensiones más pequeñas. De ésta última, ignoro la configuración constructiva de su arranque y cómo se relaciona con la obra cisterciense que hay bajo ella.

- La torre de Santa María de Torrellas.

Si existe alguna más, agradeceré todas las aportaciones oportunas.

4.- OTRAS TORRES OCTOGONALES DE ASCENDENCIA ISLÁMICA.-

Comenzaré por citar las torres que mayor analogía constructiva mantienen con nuestras “cinco” para seguir con aquéllas cuyas características formales se van alejando ya de las de éstas.

- Alminares en el Magreb.-

No encontramos en el resto de la Península Ibérica torres octogonales de ascendencia islámica, construidas en ladrillo y de planta octogonal. Las más próximas las encontramos ya en Marruecos (alminares de Xaouen, Ouezzan), que no parecen muy antiguas, así como otros alminares de Túnez de moderna influencia otomana, si bien el de Tawzar presenta una decoración en ladrillo muy parecida a la de las torres aragonesas.

ALMINAR DE XAOUEN. MARRUECOS

- Torres octogonales con contrafuertes en las esquinas.-

Las más importantes son las de San Andrés y Santa María, en Calatayud. Se trata de unas preciosas torres octogonales cuya tipología empieza a alejarse de la de Tauste por cuanto sus esquinas exteriores ya no son vivas, sino dotadas de contrafuertes. Ambas presentan la particularidad de que en su parte inferior son totalmente huecas, existiendo sendas capillas bajo las mismas, a diferencia del apoyo macizo de éstas que nos ocupan. Por otra parte, la de San Andrés, no es exenta desde su origen, ya que comparte muro con la iglesia, lo que demuestra que fue construida simultáneamente al templo primitivo. Evidencias constructivas conducen a pensar que se trate de un alminar y mezquita del siglo XI, según razonan Agustín Sanmiguel y Javier Peña.
De este tipo son también la de Mainar y la de Muniesa.

TORRE DE SAN ANDRÉS. CALATAYUD
- Otras torres octogonales en la Península Ibérica.-

Construidas en ladrillo y de ascendencia islámica, no existen. Es un patrimonio exclusivo e irrepetible de Aragón, en todo el ámbito peninsular.

- Torres mixtas.-

Realmente se trata ya de otra tipología, pues este grupo lo constituyen las numerosas torres cuyo cuerpo inferior es cuadrado y el superior octogonal. Se considera pionera de todas ellas a la de Alfajarín. En Tauste, tenemos la torre de San Antón.

- Torres de planta cuadrada.-

Son las que más se alejan de la tipología formal que aquí consideramos. Es la más abundante, tanto en el mundo cristiano como en el musulmán.

5.- TORRES OCTOGONALES DE ASCENDENCIA CRISTIANA.-

Me refiero a las torres góticas levantinas de planta octogonal. Se ha dado en decir que éstas sirvieron de inspiración para las torres octogonales aragonesas, pero, hace ya bastantes años, figuras como Francisco Íñiguez o Torres Balbás, así como posteriormente el profesor Isidro Bango, invertían el argumento. Naturalmente, las torres aragonesas son anteriores a las catalanas y, en todo caso, son éstas las que se inspiraron en aquéllas, aunque tan sólo en la forma octogonal exterior, que no en su estructura.

6.- CONCLUSIONES.-

Ya hemos visto que no se producen torres octogonales en todo Alandalús, fuera de la Marca Superior y que los escasos ejemplos magrebíes parecen bastante modernos. El origen de este tipo de alminar se encuentra, indiscutiblemente, en Oriente, así como la llamada “estructura de contratorre”, la construcción de ladrillo y yeso, las bovedillas enjarjadas, el arco apuntado (posteriormente copiado en el arte gótico), la decoración en ladrillo y cerámica, etc. Algunas de estas características hacen destacar la fuerte personalidad de la arquitectura zagrí respecto de la del resto de Alandalús, así como el hecho importante de que después haya servido de modelo, tanto en el resto de la Península como en el Magreb.

Nos hemos situado en la torre de Tauste y lo que representa en relación con su mundo exterior, desde el más próximo hasta el más lejano. Cuando dice Borrás Gualís, en su libro “Arte Mudéjar Aragonés”, que “(la torre de Tauste)… es uno de los ejemplares más soberbios de Aragón, solamente comparable por las proporciones y prestancia a la torre de San Pablo de Zaragoza”, nuestro querido Miguel Salas apunta con mucho donaire “¡si acaso será al revés: la de San Pablo será la que querrá compararse con la de Tauste!”. No vamos a entrar en si es pasión de taustano o no, pero razón no le falta. Y si, ateniéndonos a la valoración del profesor Borrás, las torres de Tauste y de San Pablo resultan ser los mejores ejemplares de Aragón dentro de su tipología, tenemos que concluir después de todo lo aquí expuesto que, en ese mismo contexto, la nuestra es la más sobresaliente de España y de todo el mundo, al menos, el occidental.
Pero tendremos que empezar por tomar conciencia de ello, en primer lugar, los propios taustanos.

miércoles, 11 de agosto de 2010

CARTEL INFORMATIVO





Seguro que muchos ya os habréis dado cuenta de que nos han puesto un cartel informativo a la entrada del pueblo, justo enfrente del polideportivo. No me he fijado en si es el único o si hay alguno más en alguna otra entrada.

En general, está muy bien. Particularmente, me parece muy bien compuesto, sobre todo el plano, con la ubicación de todos los puntos de interés.

Ya era hora de que se pusiera una información turística para el visitante que venga a Tauste. Por supuesto que cabrían críticas sobre si es mejorable o no, su ubicación, etc. Quizá pasa algo desapercibido para quien no sepa que el cartel está ahí, pero todo es discutible y no es cuestión de estar poniendo siempre una piedrica en cada agujerico, que no deja de ser de agradecer que haya personas que se preocupen por estas cosas.

Me llama la atención de manera especial la alusión a la Iglesia de Santa María, que, por cierto, la pone muy bien: “hito del mudéjar aragonés, declarada Patrimonio de la Humanidad”. Omite la torre; entiendo que se supone que bajo el apelativo de “Iglesia de Santa María” se engloba al conjunto de los dos edificios, es decir, torre e iglesia. Esta costumbre viene, lógicamente, del concepto de que torre e iglesia pertenecen a una unidad creativa, algo que venimos demostrando que no corresponde con la realidad constructiva, ya que la torre es bastante anterior al templo.

Sin embargo, casi tengo que alegrarme por dicha omisión. Soy consciente de que, hoy por hoy, todavía hubiera sido difícil (o cuando menos, problemático) conseguir que hubieran puesto a continuación de lo de la Iglesia de Santa María algo así como “… y torre-campanario, antes alminar-atalaya, construido en el siglo XI”. Por otro lado, me habría parecido peor que hubieran puesto lo que hubiera sido de esperar: “… y torre mudéjar, todo ello construido en el siglo XIII”.

Así, por lo menos, aunque no haya sido una omisión intencionada, sino basada en el principio de unidad antes explicado, algún día podremos explicarlo como un olvido y contar, donde proceda, que tenemos un alminar andalusí del siglo XI, de clara influencia oriental, que junto con otros por ahí existentes, constituye el precedente de algo tan rico como el arte mudéjar y que es, junto con el de San Pablo, el mejor exponente de toda la Península, dentro de su tipología.

Nos callaremos, porque somos así de modestos y para que no nos tachen de presuntuosos, que ello equivale a afirmar que es, dentro de esa tipología, la mejor torre del mundo, porque:

1º.- Nadie puede discutir que es más bonita y perfecta que la de San Pablo.

2º.- Otras torres octogonales con esa estructura y esquinas vivas (sin molduras ni contrafuertes) en el mundo sólo podemos encontrar en el Magreb (muy pocas, mucho más modernas y más humildes) y en Oriente Medio, pero no tan elaboradas.

Algún día entraremos en señalar y describir algunas de esas torres, para demostrar que lo dicho aquí no es ninguna tontería.

domingo, 20 de junio de 2010

EL CASTILLO DE SORA Y NUESTRO PATRIMONIO ZAGRI


Ayer, sábado 19 de junio, tuvo lugar en Castejón de Valdejasa una charla sobre el castillo de Sora a cargo de nuestra Marisancho Menjón. Sabía desde hacía algún tiempo que ella estaba trabajando en este asunto y sentía una gran curiosidad por lo fuera a decir. Tal y como esperaba, me fui encantado.

Lo cierto es que mi fascinación por ese enclave me viene, prácticamente, desde que tengo uso de razón. Ya de crío, cuando jugábamos por los barrancos, recuerdo que, a veces, me quedaba embelesado contemplando aquella lejana silueta que tan bien se divisa a simple vista desde el parque de Santa Bárbara o desde el camino del cementerio. Cuando ya era un poco más mayor, tuve ocasión de verlo más de cerca, aunque todavía a algunos kilómetros de distancia, cuando iba al monte con mi padre y con el ganado, y recuerdo que aún me producía mayor encanto.

Con la naturalidad y la gracia que la caracteriza, Marisancho nos descubrió ayer todo un mundo en torno a ese enclave, como lugar marcado por la huella del hombre prácticamente desde que la humanidad existe en estos territorios, punto importante en la vía romana de Zaragoza a Pamplona, después fortaleza islámica y ya posteriormente, en época cristiana, los distintos avatares, pleitos, luchas y demás circunstancias acaecidas a lo largo de los siglos por el dominio de ese imponente paraje.

Pero, tal y como corresponde al objetivo de este blog, tengo que decir que me alegré mucho de oírla decir que fue un importante lugar estratégico en época musulmana, citando a varios autores y afirmando que, en contra de lo supuesto de forma generalizada, estas tierras, en aquella época, tenían una densidad de población considerable. Me acordé de una datación dada por Bernabé Cabañero sobre la Casa de la Gabardilla (Monte Alto de Tauste) que afirmaba, con toda seguridad, que las primeras hiladas de piedra sillar correspondían a una edificación islámica del siglo X.

También me encantó la relación que Marisancho estableció, con toda lógica, entre ese castillo y otras fortalezas y atalayas de su entorno geográfico con las que mantiene contacto visual, entre ellas nuestra (yo voy a llamarla así ya decididamente) “mal llamada torre mudéjar”, sobre la que, una vez más, se comentó su más que posible origen musulmán, apoyando esta teoría con el quizá inminente “descubrimiento oficial” de ese cementerio (¿islámico?) que tenemos en nuestra villa y que desde hace ya tiempo viene siendo un secreto a voces.

Pues sí. Me parece muy importante que cada vez haya más voces (y, sobre todo, cualificadas) que lancen afirmaciones en este sentido. Me parece muy importante que se reconozca que esta zona del valle del Ebro estuvo ricamente poblada en la época andalusí y que gozó de un esplendor muy superior al del resto de Europa. Que los cristianos que luego vinieron a colonizar estas tierras no fueron tan burros como para cargarse lo bueno que aquí encontraron, que nos queda un importante legado arquitectónico de aquellas gentes, con el Palacio de la Aljafería a la cabeza y otras edificaciones, entre las que cabe destacar nuestra torre como una de las más importantes (sí, ésa que casi nunca sale en los libros).

Me parece muy importante para Aragón que se reconozca (pero primero, lógicamente, por los de aquí) que tenemos un legado arquitectónico del siglo XI, del que nació esa rica arquitectura mudéjar, tan exclusivamente nuestra, que se desarrollaría a partir del siglo XIII, es decir, un rico patrimonio andalusí situado tan al norte de Andalucía, porque ya está bien de confundir Alandalús con Andalucía. Que se reconozca que, si bien la invasión musulmana se extendió desde el sur de la península hacia el norte, buena parte de la cultura andalusí germinó y se perfeccionó en estas tierras, extendiéndose luego hacia el sur, al revés que lo que siempre se ha supuesto.

Pero sobre todo, es importante para Tauste que, por una vez, podamos estar entre los puestos más relevantes, porque nuestra torre es uno de los más ricos exponentes de ese legado.

Y eso es riqueza, y debemos defenderlo, por nosotros y por las generaciones sucesivas.

Pero, sobre todo, sin complejos, al margen de disquisiciones actuales sobre conflictos religiosos o sociales. Esto no tiene nada que ver con absurdas pretensiones por parte de no sé qué fanáticos islamistas de por ahí de recuperar Alandalús, ni con posturas de defensa ante semejantes amenazas. Tampoco con la incomodidad que se manifiesta desde una parte de la sociedad por la llegada reciente de gentes musulmanas que han emigrado hasta aquí en busca de mejor vida ni con los conflictos sociales que ello acarrea (que si el burka, que si el velo y otras cuestiones).

Repito, esto no tiene nada que ver con eso. En absoluto. Sólo se trata de reconocer que tenemos un rico patrimonio, algo exclusivo en todo el mundo, que fue creado por unas gentes que eran de aquí, que no vinieron de ningún sitio, que, por las circunstancias que les había tocado vivir, habían abrazado la religión islámica unos siglos antes y que, tras la llegada de los cristianos (ésos, en nuestro caso, sí que vinieron de fuera) les tocó pasar a un segundo plano de la vida social durante todavía unos cuantos siglos, hasta que, definitivamente, la intolerancia y el fanatismo religioso de los reyes castellanos (que no aragoneses) les expulsó de estas tierras, en contra, incluso, de la postura del resto de la población aragonesa, allá por los comienzos del siglo XVII.

Tengamos claro que nuestro patrimonio zagrí (estamos llamando así al legado andalusí en Aragón) es nuestro, porque somos sus legítimos herederos, con el cual nada tienen que ver las gentes de fuera por el simple hecho de que profesen la misma o parecida religión que practicaba la mayoría de los habitantes de estas tierras hace novecientos años.

sábado, 8 de mayo de 2010

¿A QUÉ DISTANCIA SE ENCUENTRA EL HORIZONTE?

Esta vez vamos a descansar un poco de arquitectura zagrí y vamos a dedicar nuestra atención a un asunto que, aparentemente, no tiene nada que ver con ello ni con el objetivo principal de este blog.

Digo “aparentemente”, porque, en realidad, esto que expongo a continuación tiene bastante que ver con el artículo en el que desarrollaba el asunto de la orientación de las mezquitas, en el que quedaba manifiesta la dificultad añadida que suponía la curvatura de la superficie terrestre.

Todos sabemos que la línea de horizonte es aquélla en la que parecen juntarse el cielo y la tierra, o el mar y la tierra, si lo que estamos viendo es el mar. ¿Quién, estando a la orilla del mar, no se ha preguntado alguna vez a qué distancia se encontrará aquél barco que acaba de aparecer por el horizonte, o, simplemente, hasta dónde alcanza su vista en esos momentos?.

Naturalmente, el alcance de nuestra visual hasta el horizonte va a depender de la altura a la que nos encontremos, así como de los accidentes geográficos que se nos ofrezcan ante nuestra vista. Otro problema añadido es la circunstancia de que la superficie terrestre no es una esfera perfecta, ya que se encuentra achatada en los polos.


Pero aquí, para dar idea de nuestras proporciones humanas con respecto al planeta en el que habitamos, vamos a simplificar el problema y lo vamos a idealizar de la siguiente manera: vamos a suponer que la tierra es una esfera perfecta, con un diámetro de 12.742 Km (radio= 6.371 Km), y que su superficie no presenta accidentes, que es el caso más asimilable a toda la superficie marina.

Imaginémonos sentados en la playa, frente al mar, con nuestra vista a un metro de altura respecto al agua. El horizonte que divisamos se encuentra a tan sólo 3,57 Km. Si nos ponemos de pie y nuestra vista alcanza los dos metros de altura (siempre respecto al mar), nuestra visión se amplía, pero no proporcionalmente a la mayor altura conseguida, pues sólo vemos hasta 5,05 Km (tan sólo 1,48 Km más). Si subimos a una primera planta (3 m de altura), divisamos hasta 6,18 Km. A 9 metros de altura, ya divisamos hasta 10.71 Km y, así, va aumentando sucesivamente, pero la proporcionalidad de este aumento siempre es muy inferior a la altura que vamos ganando. Desde un 30º piso (100 metros de altura), con unos buenos prismáticos, sólo alcanzaremos a ver nuestro horizonte a 35,70 Km de distancia. A 2.000 metros de altura (supongamos que desde el Moncayo se divisara el mar), el horizonte estaría a 159,65 Km. Desde un 8.000, divisaríamos 319,37 Km. Si volamos en un avión a una altura de 10.000 metros, el horizonte que vemos por la ventanilla se encuentra a 357,10 Km. Vemos, por tanto que, de ninguna manera es proporcional la altura a la que nos podemos encontrar con la distancia a la que vemos el horizonte.

Llevando el caso al extremo, desde un satélite que, en órbita media terrestre, se encontrara a 1000 Km de altitud, divisaríamos el horizonte terrestre a 3.707,02 Km, y, a 2.000 Km, 5.429,92 Km.

Acompaño una tabla detallada de ello, para aquéllos a quienes les mueva esta curiosidad.




domingo, 14 de marzo de 2010

VISITA IMAGINARIA A LA IGLESIA DE SANTA MARIA EN EL SIGLO XIII

En los post anteriores habíamos visto cómo el origen de la iglesia que hoy conocemos era una mezquita y que fue derribada para construir la iglesia mudéjar, manteniendo el alminar como torre-campanario.

Visto, pues, todo ese proceso constructivo, voy a invitaros a hacer un viaje en el tiempo para visitar la Iglesia de Santa María, tal y como fue (o pudo ser) en sus primeros tiempos.

Con un ejercicio de imaginación, nos trasladaremos a los últimos años del siglo XIII (cerca de 1300, por ejemplo). Situémonos en las primeras horas de una mañana de primavera y vamos a ir caminando hasta nuestra iglesia.

No lo hacemos bajando por la C/ Zaragoza y pasando por la esquina Berroy, para entrar por la puerta que conocemos y que tenemos como habitual, sino que nos aproximaremos a ella bajando desde Barrio Nuevo por la C/ López Arbizu, que, junto con C/ San Bartolomé y Pedro IV de Aragón, son, con otros nombres, por supuesto (pueden ser C/ del Horno, C/ del Perro y C/ de la Herrería, por ejemplo), las principales arterias del casco urbano de Tahust.

Nos encontramos la iglesia con la torre a su derecha, tal y como vemos en la fotografía, pero sin ese edificio de delante que la oculta parcialmente y que será construido a partir de 1700, como capilla de la Virgen María (que llamarán de Sancho Abarca).


El firme es de tierra y, donde en la fotografía siguiente aparece una tapa de hierro en el suelo, no hay nada o, a lo sumo, una loseta de piedra, bajo la cual todavía se encuentra el aljibe que suministraba el agua para la fuente de abluciones, cuando aquí, hace menos de dos siglos, la mezquita se hallaba en plena actividad. Posiblemente ahora (estamos en 1300), el aljibe se sigue aprovechando, pues recibe las aguas pluviales del entorno y supone cierta reserva para no depender exclusivamente de bajar cada día a por agua hasta la acequia del lugar, ésa que hicieron los musulmanes construyendo un azute en el Arba, antes de la llegada de los cristianos.

Tapa de hierro en el suelo de la Plaza del Dance



Algibe que hay debajo de esa tapa

La puerta de entrada al templo se encontrará, posiblemente, en el extremo derecho del edificio. Todavía en el siglo XXI, aunque esa puerta ya no exista, quedará visible en el muro el arco ojival, testigo de esa realidad, pero también puede ser que la puerta principal se encuentre un poco más a la izquierda, justo en el gran vano que se abrirá para comunicar la nave principal con la capilla de la Virgen. Vamos a entrar en la iglesia y así explico el porqué de esta hipótesis.


Arranque del arco que indica la antigua entrada


Entramos y vemos enfrente una puerta que sale al cementerio. Cuando hay un funeral, meten al muerto por donde acabamos de entrar, ofician la misa y lo sacan por la puerta que vemos enfrente. Eso, si es algún pobre. Si el personaje es rico, lo entierran dentro del propio templo. Así está más cerca de Dios. Aunque, ante los ojos de Dios, son todos iguales, parece ser que hay unos más iguales que otros.

Planta de la iglesia original


Si miramos hacia la derecha, nos quedaremos tremendamente sorprendidos por el coro en alto que podemos contemplar. Efectivamente, es difícil concebir en esta época una iglesia mudéjar de tales proporciones sin un coro a los pies de la nave. Quedarán indicios de ello en el siglo XXI: esos tres arcos ojivales de la pared del fondo, a juego con los dos laterales, definiendo un área que ocupa la mitad del último tramo de la iglesia.

Arcos ojivales en los pies de la iglesia


Recreación del posible coro en alto con el antepecho de yeserías, inspirado en la iglesia de Santa Tecla (Cervera de la Cañada)
A lo largo de la línea que uniría las jambas de las dos puertas (la principal y la del cementerio), habría un pórtico formado por columnas y arcos ojivales, del que es reflejo lo que todavía perdurará en el siglo XXI. Encima, como antepecho, un espectacular trabajo de yeserías, típico también de estos artesanos. Entre ese pórtico de tres vanos y el muro del fondo, se define una crujía cubierta por vigas de madera finamente labradas y policromadas, una verdadera obra de arte llamada “alfarje”, característica de los artesanos mudéjares que han construido este templo.

Modelo de alfarje, tomado de la iglesia de Santa María de Maluenda

La suposición de ese coro en alto a los pies de la nave justifica que la puerta pudiera estar donde ahora comunica la capilla de la Virgen con la nave principal. Indudablemente, el arco que se ve en la fotografía indica que allí hubo una puerta. La que aquí planteo pudo o no existir, pero tiene su justificación en la composición simétrica de la nave respecto de su eje central, enfrentando la puerta de entrada con la de salida al cementerio. Además, si también existió este coro (insisto en que no deja de ser una suposición basada en indicios claros pero no suficientes) la sensación de grandeza a la entrada se vería disminuida al tener el acceso por debajo de este coro, algo no comparable con la impresión que se recibe si se entra directamente al espacio de gran altura, que es la nave.

Siguiendo con la visita imaginaria, al volver la vista hacia la izquierda vemos algo muy distinto a lo que conocemos en el siglo XXI.

Vista actual de la iglesia

No está ese majestuoso retablo que colocarán en el siglo XVI. La nave parece más larga. Ello es debido a que, al no estar ese retablo, la vista nos alcanza hasta el fondo del ábside, que lo apreciamos de forma semicircular y sin las capillas laterales que abrirán siglos más tarde. En lugar del retablo plateresco, vemos otro mucho más pequeño y sencillo, posiblemente pictórico, o, simplemente, una imagen de la Virgen María o un Cristo. Lo cierto es que la iglesia parece más grande, no sólo por la mayor profundidad que podemos contemplar, sino por la tremenda luz que nos viene desde esa parte. Recordemos que hemos madrugado y hace poco que ha amanecido. Luce un sol magnífico, el ábside está orientado hacia el Sureste y en él existen tres grandes ventanales: uno a cada lado del ábside y otro en el frontal, encima del pequeño retablo. A través de estos ventanales entra la luz a raudales.




Ventanales cegados en el ábside


También entra por los cuatro laterales (dos a cada lado, uno encima de cada una de las pequeñas capillas), pero con mucha menor intensidad, ya que son mucho más pequeños y, además, dada su orientación, no reciben la radiación solar directa.

Esos tres grandes ventanales del ábside serán cegados en el siglo XVI, cuando coloquen el nuevo retablo mayor. El frontal, evidentemente, quedará oculto tras dicho retablo y, como ya no tendrá razón de ser, se tapiará con ladrillo. Los dos laterales correrán la misma suerte, para que no compitan en protagonismo con el gran retablo, pues esa gran fuente de luz natural puede ser causa de despiste para la feligresía. Tapiándolos, sólo queda el retablo como único destino de las miradas del público, aunque sea en detrimento de la luz de todo ese espacio.

Ahora miraremos hacia el techo y veremos las bóvedas nervadas que definen los tres tramos y el presbiterio.

Planta de las bóvedas

Nos volvemos a sorprender, porque las imaginábamos blancas o de cualquier otro color discreto. Pues no, están decoradas en unos colores fuertes y atrevidos (con predominio de rojos, ocres y negros), muy del gusto de la época, donde, a pesar de que los mudéjares son los sometidos tras la conquista, su arte, en estas tierras, sigue siendo admirado.






Decoración mudéjar de la iglesia de las Santas Justa y Rufina, de Maluenda


Sin embargo, la ornamentación arquitectónica no se limita al colorido. Las paredes se encuentran decoradas con ricos agramilados: una técnica que dominan los mudéjares y que consiste en la realización de dibujos geométricos mediante hendiduras en la superficie del yeso con una técnica de incisión a punta seca. Estos dibujos serán también motivo de resalte en la policromía del conjunto.


Agramilado tras el altar mayor
Restos de ello seguirán quedando en el siglo XXI, en las paredes del ábside, ocultos tras el retablo mayor. Tras siglos de olvido y abandono de la historia de este pueblo, surgirá una asociación que será conocida como “El Patiaz” que adoptará este dibujo como anagrama propio y que tendrá como finalidad principal la investigación, divulgación y promoción del patrimonio histórico de la villa de Tauste.

viernes, 26 de febrero de 2010

TRANSFORMACION DE LA MEZQUITA EN IGLESIA

En el artículo anterior planteábamos una visión de cómo pudo ser la mezquita de Tahust, con su alminar y su sahn. Decíamos que, cuando los cristianos procedentes del Pirineo y del Sur de Francia colonizaran estas tierras, consagrarían la mezquita para iglesia y, de esta forma, la estuvieron utilizando para este fin, hasta que tuvieron posibilidades económicas y decidieron construir un nuevo templo más acorde con las exigencias litúrgicas y las modas de la época.

No está claro el momento en que este hecho se produce. El profesor Borrás, en su libro “Arte mudéjar aragonés” establece, para el inicio de las obras, la fecha de 1284 o posterior, basándose en la analogía entre la iglesia de Santa María de Tauste y San Pablo de Zaragoza, por un documento de Jordán de Asso que hace alusión al inicio de esta última. Sin embargo, parece no tener en cuenta que el ábside de San Pablo es poligonal tanto al exterior como al interior, mientras que el de Tauste es también poligonal al exterior, pero semicircular al interior (aunque casi no lo podamos apreciar, ya que se encuentra en buena parte oculto tras el retablo mayor). Esta diferencia, que al parecer algunos historiadores la han pasado por alto como si tal cosa, es muy significativa, pues los ábsides semicirculares suelen ser románicos. Es decir, que resulta muy lógico pensar que, mientras San Pablo se construye en época plenamente gótica, parece ser que Santa María pudo empezarse unas cuantas décadas antes, bajo la influencia de los últimos coletazos del arte románico. Esto, además de explicar de forma razonable el porqué del ábside semicircular, casaría perfectamente con otra noticia que parece haber llevado de cabeza a más de alguno.

Antes de la quema de documentos del archivo municipal de 1934, el profesor y arquitecto D. Francisco Íñiguez estuvo en Tauste y tuvo en sus manos un pergamino de dimensiones 35x23 cm, por el cual, el Monasterio de San Juan de la Peña, y en su nombre, el abad Iñigo, cedía a la villa de Tauste las primicias y diezmos que de ella cobraba, por concesión de D. Alfonso el Batallador, para que atienda “a la terminación de las obras de la torre e iglesia, campanas y vestiduras, y en consideración al mucho aprecio que a la villa dispensó D. Alonso, de grata memoria”. Dicho documento estaba fechado en 1243 y lo mencionaba Íñiguez en un brillante trabajo sobre torres mudéjares aragonesas, fechado en 1937.

Digo que esta noticia parece haber llevado de cabeza a más de alguno porque no es compatible con la fecha dada por Borrás, el cual se basa en analogías formales y artísticas, parece ser, en este caso, entre ambas iglesias mencionadas. Sin embargo, no resulta fácil aceptar que una figura de la trascendencia del profesor Borrás omita una explicación razonable para una diferencia tan manifiesta como la que hay entre estos dos ábsides, pareciendo más bien empeñado en sostener a toda costa que en Aragón no existe nada mudéjar anterior a las postimetrías del siglo XIII, así como que tampoco tenemos ninguna edificación de época islámica que no sean el Palacio de la Aljafería y cuatro castillos en ruinas dispersados por ahí.

Dado el alto reconocimiento del profesor Borrás, resulta comprensible que nadie haya cuestionado sus interpretaciones. Se ha llegado incluso a dudar de la capacidad del profesor Íñiguez para interpretar este tipo de documentos, duda no exenta de razón, pues posiblemente no era su especialidad. Dicen los expertos que en aquella época no era habitual precisar hasta el punto de decir que atendieran “a la terminación de las obras de…” sino que era más probable que la expresión fuera “atender a las obras de…”. Lo lamentable es que dicho documento fue destruido y no puede comprobarse, por lo que al pobre Íñiguez (que al parecer, era hombre docto y prudente donde los hubiera) hasta se le acusa de haber forzado la interpretación de los documentos para adecuarla a su antojo. El caso es que, con lo de Tauste, dadas las circunstancias, ya duda uno de si no será la otra parte la que verdaderamente fuerza la interpretación para adecuarla a su antojo, cargando el mochuelo al que ya no puede defenderse (¿seré malpensado yo?).

Otra cosa bien distinta es que el tal documento se refiriera a la Iglesia de San Miguel (San Antón), posibilidad interesantísima que lanzó la doctora en Historia Ana Isabel Lapeña en su charla del 12 de febrero, dentro de las XI Jornadas sobre la Historia de Tauste.

Sea como fuere, la explicación que voy a dar aquí acerca de cómo Tauste pasa de tener la antigua mezquita a construir una nueva iglesia, la baso en coherencia con las fechas de Íñiguez y no con las de Borrás. No obstante, el proceso constructivo, no dejaría de ser el mismo. Lo que viene a continuación está basado en los datos que aporta Agustín Sanmiguel en su libro “Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y Daroca”, perfectamente extrapolable a nuestra villa.

Las obras comenzarían por adosar el ábside poligonal de cinco lados que hoy conocemos al muro de la qibla, ya con la altura definitiva que tenían pensada para el nuevo templo, es decir, más alto que la mezquita. Esto sería en las primeras décadas del siglo XIII. Está claro que pensaron ya en no superar la altura de los primeros paños decorativos que tiene la torre, con el fin de no ocultarlos. Esto también ha inducido a algún error de interpretación, pues se ha pensado por ello que la torre y la iglesia se concibieron a la vez. Sin embargo, si esto hubiera sido así, no se hubieran molestado en rejuntar tan finamente todo el paramento de la torre que luego habría de quedar oculto por la pared de los pies de la iglesia.





Construido el ábside, rompen el muro de la quibla e incorporan ese nuevo espacio a la cabecera de la “iglesia” (que todavía era la antigua mezquita). El sahn ya desaparecería, pues ya no tenía ninguna utilidad funcional, quedando solamente del mismo, como vestigio oculto, el algibe enterrado que proporcionaba el agua para la fuente de abluciones.

Las obras continúan con la construcción de los dos tramos siguientes, cubiertos cada uno de ellos por bóvedas de crucería, sujetando los empujes de las mismas mediante contrafuertes que, en la mitad aproximada inferior, quedan al interior de la iglesia, formando capillas laterales poco profundas entre los mismos, y en el resto de la altura, quedan vistos al exterior, ya que, a partir de ese nivel, esas capillicas se cubren con unos tejadillos y los muros se desplazan hacia adentro, continuando la verticalidad de las caras interiores de los contrafuertes.

Aquí quiero destacar el ingenio de aquellos alarifes y su alta cualificación. Se trataba de mudéjares, es decir, musulmanes que siguieron viviendo en sus tierras sometidos al dominio cristiano. Seguramente vendrían de algún pueblo vecino, pues no hay noticias de población mudéjar ni morisca en Tauste después de la conquista cristiana, en la que, como ya hemos dicho en alguna ocasión, los que no murieran serían expulsados o esclavizados. Los alarifes mudéjares eran muy valorados por los cristianos por su alta cualificación profesional, muy superior a la de los cristianos. En Tauste, sólo tenemos que comparar la calidad constructiva de la iglesia de Santa María con la de San Antón. Apunto lo del ingenio pues la forma de levantar estos muros desplazados a mitad de altura supone un desequilibrio “inteligente” (como si se quisieran caer hacia adentro) que luego va a servir para contrarrestar los empujes que transmitirán las bóvedas hacia afuera.

No se observa ninguna cesura constructiva hasta que llegamos al tercer y último tramo, donde el sistema cambia. Es aquí donde resulta lógico establecer el momento de una interrupción de las obras por motivos de disponibilidad económica, tan habituales, sobre todo, en aquella época. De esta manera, podemos suponer con bastante fundamento que años antes de 1243 el estado en que había quedado la iglesia es el del dibujo que se acompaña. Por un lado, el antiguo alminar (que iba a servir como campanario, rompiendo los ventanales), y por otro, la iglesia formada por el ábside y los dos primeros tramos. Está claro que tenían pensado terminarla con el tercer tramo que ya alcanzaría a la torre, así como dotar a la misma de campanas. Esto explica la frase del abad Íñigo mencionada al principio “…terminación de las obras de la torre e iglesia, campanas y vestiduras…”, abad que lo fue –dicho sea de paso- entre los años 1229 y 1248.


Quiere esto decir que el Monasterio de San Juan de La Peña, que era de donde dependía el Priorato de Tauste, a la vista de las grandes dificultades para terminar las obras (en la torre también faltarían ciertos acondicionamientos), “perdona” a la villa esos diezmos para que los destine a este fin. De esa forma es como Tauste puede terminar su iglesia mudéjar, construyendo el último tramo, que ya no tendrá capillas laterales como los dos anteriores, sino que los cerramientos son verticales hasta arriba, sin desplazamiento alguno, ensanchando de esta forma la nave en este tramo final.

El dibujo que acompaño a continuación representa la iglesia mudéjar terminada, con la torre que ya existía desde nada menos que dos siglos antes, vista desde Barrio Nuevo. Para llegar al estado en que la conocemos hoy tendríamos que avanzar hasta principios del siglo XVIII, que es cuando se construye la capilla de la Virgen de Sancho Abarca, llegando hasta “pisar” con la cabecera de la misma sobre la bóveda del algibe mencionado y cerrando la puerta que durante cuatro siglos había sido la habitual, señalada en el dibujo con una flecha, pasando así, a partir de entonces, a utilizar la de enfrente, que es la actual, y que entonces sería la que daba salida al cementerio (en la actual plaza de Santa María).




Ahora comprendemos por qué, siendo una iglesia medieval, no está orientada como tal, es decir, hacia el este, sino hacia el sureste (en dirección a La Meca). Su construcción vino condicionada ya desde el principio por la existencia de otro edificio anterior que había sido una mezquita. También la orientación de las caras de la torre delata tal circunstancia, así como la rotura de sus ventanales para alojar las campanas.
El día 19 de este mes, me pareció fascinante la intervención de Ana Isabel Lapeña en Aragón Radio, en la que habló de nuestra torre “hereje”, por contener en sus paños decorativos la Profesión de Fe del Islam (“no hay más Dios que Dios y Mahoma es su profeta”). También en la versión que acabo de contar sobre la construcción de la Iglesia de Santa María puede encontrarse un matiz perverso: ¿alguien se ha dado cuenta de que el lugar sagrado sigue siendo el mismo?. Es decir, en el mismo lugar donde antes, supuestamente, estuvo el mihrab musulmán, ahora está el altar cristiano. Me decía un amigo: “¿te das cuenta de que, cada vez que celebramos un funeral en Tauste, colocamos a nuestro difunto dentro del mihrab?”. ¿Y qué? –le contesté yo-. Ratifica la idea del ecumenismo entre todas las religiones.